El hincha selfie

El disparador de este texto fue el sábado cuando Racing ganó la copa Sudamericana. Sobre «la pasión» del fútbol, la exageración, el mostrar cuán hincha somos, etc. escribí estos tres puntos:

1) Pienso que un hincha fanático de cualquier equipo de fútbol es exactamente igual a otro hincha de otro equipo. Me explico mejor: no hay diferencias entre un fanático de Boca que de River. Habrá pequeños matices, tal vez, pero en esencia es lo mismo. El que diga que tal club tiene «mejores» hinchas está mintiendo o tirando fruta. Es siempre la misma cantinela: mi viejo o mi abuelo me hizo de Boca/River/Racing/Independiente etc, desde la cuna, tengo 5 tatuajes, 48 camisetas diferentes, te digo de memoria la formación completa del 1974, me fui a Paraguay/Brasil/Japón haciendo dedo en un rastrojero, dormí dos noches en la selva para ver a mi equipo campeón, hice una versión del estadio con galletitas Criollitas, tengo guardado un pelo de Aldo Pedro Poy en un frasquito y llevé la calavera de mi abuelo a la cancha para que vea la vuelta olímpica. Y así hasta el infinito.

El hincha fana te puede contar mil hazañas, anécdotas, esfuerzos y sacrificios por el equipo de sus amores. Que Pedrito Rebagliatti hizo la promesa de no comer harinas por un mes si salía campeón; que el Negro Raposo pintó el escudo gigante en el piso de la pileta; que el enano Peralta pintó el techo de su auto. Pero es lo mismo que hicieron otros hinchas de otros equipos.

Con matices por supuesto, porque si Ferro o Chacarita no llegaron nunca a la final de la Libertadores, entonces sus hinchas nunca viajaron a otro país a ver jugar a sus equipos. Pero no hablo de fútbol, habló del fanatismo. Y el fanatismo es algo que se va construyendo y alimentando (y ahora en el punto 2 explico mejor esto).

Yo antes pensaba que no, que los hinchas de diferentes clubes eran distintos, que había mejores o peores, más amargos, mas fieles, más locos, creativos, etc. Pero ahora estoy convencido de lo contrario. De esto que digo hoy. Que es puro marketing, relato, negocio, etc. el diferenciar un hincha de otro. Pero es lo mismo un fana de Boca que de River, que de Racing, que de Independiente, Velez, San Lorenzo, Ferro. Todos tienen más o menos el mismo «aguante», todos tienen barras, van a la cancha, bajo el sol o la lluvia, en las buenas y en las malas, lloraron, gritaron, hicieron socios a sus hijos desde la ecografía, le pusieron Enrique por Bochini o Román por Riquelme. Uhh que fanático. Pero no hay nada nuevo. El fanatismo es igual, solo que cambia el color de la camiseta y el club.

Muchos, ofendidos en su orgullo, me dirán que no, que nada que ver y esgrimirán sus razones y estoy seguro entre sus razones siempre van a decir algo sobre su clásico rival: que ellos son amargos, pechos frío, que no cantan, que una vez se comieron 4 y abandonaron, ellos corrieron (sic) en Avellaneda, ellos no le agradecen a sus ídolos como nosotros, que se fueron a la B, etc. «Mirá que distintos somos» dicen todos!! Si dos personas dicen «soy distinto a vos», ya son parecidos. Hasta en la crítica al otro son idénticos! Es lógico pensar que por cada dicho, por cada «locura» que uno haga como hincha, hay otro que ya hizo o hará exactamente lo mismo.
Me dirán que no sé nada de futbol, que no entiendo de pasión, que estoy equivocado. Pero ya es tarde, amigos: ninguna de esas razones me hará cambiar de opinión.

2) El hincha pantalla. El hincha streamer. El hincha selfie. La llegada de los celulares que capturan fotos y videos cambió todo, ya sabemos. Pero ahora publicar todo ese material en instagram, twitter, etc. generó un nuevo tipo de hincha: el que se filma. Lo llamo el hincha streamer. El que se filma llorando en el gol de su equipo, el que se filma en la tribuna, en su living mientras ve el partido, etc. Es para mí un poco incomprensible este tipo de hincha pero hago el esfuerzo para no abrir juicios de valor. Me cuesta entender que en ese momento, justo en ese momento, en el gol, en una definición por penales, en un abrazo familiar de llanto y emoción tras un triunfo agónico, alguien pueda frenar y ponerse a filmar. Es como que de repente no les creo nada de lo que estaba viendo.
Pero no juzgo. Solo voy a exponer un nuevo fenómeno curioso y tratar de entenderlo. Tal vez sea algo generacional y yo ya esté grande para esto? Tal vez. Pero más allá de la edad, se supone que la pasión es una emoción fuerte que no se controla, y por lo tanto, no puede planificarse ni armarse. Sale sola, sin aviso, con fuerza y vehemencia. Y esas escenas (hay muchísimas) son todo lo contrario: puestas en escena bien armadas, pensadas. Los que lloran deciden filmarse, aprietan el botón rojo de REC, sostienen el celular tipo selfie, se encuadran, miran a cámara (o se hacen los que no miran), se acomodan el pelo y largan el grito de gol, el llanto, el vamooooooo . Lo hacen en los penales, en tiros libres, en la cancha. No digo que no lloren de verdad, o que no gritan el gol, o que no estén sinceramente contentos y felices y hasta emocionados. No. Solo digo que es un nuevo tipo de hincha, una nueva manera de festejar. De mostrarle al mundo lo fanático, pero fana en serio, son.
Y acá llegamos al punto 3.

3) Creo que ahora se exagera más la pasión por un equipo. Mucho más que antes. Lo vi un poco más nítido cuando ganamos el mundial de Qatar 22. Por supuesto que fue una locura ese mundial, esa final, y todo valía. Fui y fuimos todos muy felices. No niego nada de eso ni minimizo el haber ganado ese mundial inolvidable. Lo aclaro para decir que festejé como nunca, fui al Obelisco, etc. Pero en ese momento vi con claridad esto que intento explicar ahora: la exageración de la pasión. Como que más allá de la felicidad genuina y válida y hasta merecida (veníamos del covid, de un gobierno chotísimo, de años de grieta y bajón todo mal, sumado a la muerte de Diego (en mi caso, esto impactó muchísimo tras la final, porque me hubiera fascinado ver a Diego festejando ese mundial con Messi los dos abrazados a la copa… hubiese sido épico y eterno… pero bueno, no se pudió como dice mi hija Bruna).
Cuestión que la historia misma de Messi y los fracasos anteriores de la Scaloneta justificaron todo lo que pasó post triunfo. Pero ahí empecé a ver algo sobre la exageración. Gente que quería sobresalir en los festejos como para decir yo soy mucho más fanatico, mucho más loco que todos porque por la selección doy la vida. Entonces vi gente subida a los semáforos y carteles para diferenciarse del resto, para hacerse notar. Para salir en redes. El hincha influencer. El hincha que se pinta de más en la cancha, el hincha show, el que escribe frases en un cartel para salir en las fotos, tipo «Messi haceme un hijo» y cosas así. Hoy vi esta noticia, que de tan insólita me dio pena por el tipo.
¿Por qué y para qué alguien se subiría bien alto a un semáforo? para que lo vean! para que llevar un cartel a un festejo? para que lo lean! ¿Acaso alguien puede creer que alguien sea más hincha o quiera más a la selección o a Messi o a Rosario Central solo porque se sube a un semáforo a festejar? Supongo que nadie. No fue un tipo loco subido, fueron cientos, en todos lados. Entiendo el color, entiendo la creatividad, la picardía criolla, claro. Lo que nos diferencia, tal vez, de un sueco o un inglés (aunque cada vez menos).
Pero antes acá no era así. Revisen las fotos de los festejos de los mundiales 78 y el 86 (incluso en el 90). Estuve en los del 86 y 90. Los festejos eran masivos, por supuesto, pero mucho más medidos, mas austeros en sus formas. Sin tanta producción ni make up, ni aditivos ni poses. Había felicidad, cantitos, algunas bandera, bailar en pedo y todo eso. Pero eran festejos sin celulares, no eran para compartir con nadie que no esté ahí mismo. Eran solo para ese momento y lugar y sin querer demostrarle al otro el nivel de hincha en sangre que teníamos. Tal vez esté equivocado, pero yo lo veo así. Ahora todo se exagera más. Y, amigos hinchas, creo que esta onda expansiva llegó para quedarse. Con el triunfo de Racing el sábado, el hincha exagerado va por más. ¿El límite? el límite es el cielo.

(y hablando del hincha pose y la exageración. El periodista Marcelo Bonelli -fanatico de Racing- fue a Paraguay con su mujer y publicó en sus redes la foto que abre este artículo, donde se los ve a los dos gritando un gol inventado que tal vez, bajo el efecto de algún alucinógeno, solo ellos vieron ya que los hinchas de atrás ni se inmutaron. O se trataría del primer gol fantasma de la historia o de una especie rara de hinchas que deciden no festejar un gol de su equipo en una final. Vaya uno a saber… misterio)

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