La IA tiene voz de mujer

Inteligencia artificial (AI) no solo es un término de moda en la industria de la tecnología, sino también una apuesta a nuevos negocios tanto de las grandes compañías como Amazon, Microsoft, Google y Facebook como también de cientos de miles de pequeñas startups de todo el mundo.

Amazon crece tan rápido y para tantos lados que ya resulta muy difícil seguirle el ritmo. Las novedades en torno a sus negocios y adquisiciones son casi diarias. Desde que se fundó en 1994, la empresa de Seattle cambió la vida de millones de personas. Su capitalización bursátil alcanzó en abril los u$ 440 mil millones (cuarta compañía del mundo detrás de Apple, Alphabet (Google) y Microsoft). Jeff Bezos quiere algo que parece tan simple pero es muy difícil de lograr: que en todo momento y lugar donde queramos cualquier cosa, lo podamos conseguir en Amazon. Lo está logrando: más de la mitad de los consumidores de EEUU empieza la búsqueda online de productos dentro del buscador de Amazon.

Y con Alexa, su plataforma de AI, planea convertirse en una empresa omnipresente para estar y modificar cada espacio posible de nuestra vida: el hogar, el auto, la oficina, los comercios. El dispositivo de asistencia personal Echo (donde vive el sistema Alexa) tuvo buena aceptación. Ya están instalados en los hogares de cientos de miles de norteamericanos, en el Reino Unido y Alemania. Datos, patrones, palabras y preguntas se suman cada día para ser analizadas en la nube de Amazon Web Services (unidad de negocios que aloja a Netflix y Spotify entre otros y factura anual u$12 mill millones). La idea es mejorar el servicio de cara a tres objetivos: mejorar los resultados de las búsquedas, las recomendaciones a los usuarios y la gestión del stock de los productos del monstruo grande del comercio electrónico que pisa cada día más fuerte.

Alexa ya es un completo mayordomo personal que toma nota cuando al tanque del auto le falta nafta, maneja nuestra agenda, dice la temperatura y el estado del tránsito, nos hace escuchar el último disco de nuestra banda favorita, pide delivery de sushi, hace el pedido al supermercado y sabe cuántos goles hizo Martin Palermo en su carrera.

Cuando salió a fines de 2014 sorprendió a su competencia. El asistente Siri del iPhone todavía no era masivo. Y aún no logra el éxito esperado porque, entre otros motivos, a los usuarios los inhibe hablarle a su celular en público. Y Google Home apareció recién en octubre del año pasado. Google es su rival más directo y peligroso, porque maneja una impresionante cantidad de datos (Big Data) aportados por las búsquedas constantes de cientos de millones de usuarios.

El Home Pod de Apple (con Siri) recién saldrá a la venta en diciembre. Demasiado tiempo de ventaja para Jeff Bezos, que dijo en un reportaje que su trabajo consiste en inventar nuevas opciones que nadie haya pensado antes.

Por eso va por más. La estrategia de Alexa abierta y transversal, porque quiere ser el sistema operativo de todos los dispositivos inteligentes del hogar que se conecten a Internet (IoT), de cualquier marca. Poder manejar con la voz celulares de Apple, parlantes de LG, heladeras de Samsung, autos de Ford, lavarropas de Whirlpool, televisores smart, las luces, el aire acondicionado, etc.

Gracias al ecosistema generado por aplicaciones desarrolladas por terceros (se llaman “skills” y ya hay más de 12 mil) Alexa ya se metió como un virus en millones de dispositivos inteligentes. El equipo de desarrollo Lab126 trabaja día a día para sofisticar su inteligencia y hacerla más humana. Ya hace chistes, reconoce la coyuntura (una muerta de un famoso o la asunción de un presidente), puede jugar una trivia o al póquer y saber una canción con solo tararearla. Se busca que la AI tenga empatía emocional y responda correctamente al lenguaje no verbal. A fines de 2016 Amazon lanzó el Premio Alexa para estimular a estudiantes universitarios a desarrollar un bot social capaz de mantener una conversación con una persona durante 20 minutos.

La batalla por los asistentes de voz significa una competencia por una nueva interfaz que, de ser exitosa, reemplazará nada menos que a la Web, a los sistemas operativos, las pantallas táctiles de los celulares y hasta la barra de búsqueda de google.

(Publicado en El Cronista, febrero 2018)

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