El crudo invierno de Facebook

Termina una semana para el olvido para Facebook. Hasta Jim Carrey se enojó. El actor dio de baja su perfil con más de 5 millones de personas y vendió sus acciones porque la red social “se aprovechó de la interferencia rusa” en las elecciones de EE.UU. “Y aún no están haciendo lo suficiente para pararlo”, explicó en twitter. Unilever amenazó con quitar la inversión en publicidad de Facebook si la red social sigue difundiendo “contenido tóxico”, esto es, noticias y cuentas falsas, mensajes de terroristas, contenido racista y sexista, etc. Malas noticias: un estudio de eMarketer asegura que la red social está perdiendo a los usuarios jóvenes “a un ritmo más grande de lo esperado”. Calculan que se irán este año unos 2 millones de usuarios menores a 24 años.

El crudo invierno parece no tener fin para Facebook. Su CEO, Mark Zuckerberg, no encuentra paz. También esta semana la revista Wired dio a conocer su tapa de marzo donde el fundador aparece con la cara lastimada, golpeado, con sangre. En la extensa nota, titulada “Los dos años que sacudieron a Facebook”, se cuentan detalles de los traspiés de la red social y los pifies de Zuckerberg y sus equipos directivos. El tropiezo más grave, sin dudas, fue el de haber colaborado (con o sin intención) con Rusia para favorecer a Donald Trump en la campaña que lo llevó a la presidencia. Noticias falsas y engañosas, avisos publicitarios pagados por los rusos y miles de comentarios de trolls que favorecieron a manipular la opinión pública y agrandar la división entre los norteamericanos, están siendo investigados por el Congreso. “Sin Facebook no habríamos ganado” admitió un miembro de la campaña Trump.

Para colmo, todas las semanas los grandes medios (lastimados porque casi el 90% de la pauta publicitaria que antes recibían ahora se la llevan Facebook y Google) ventilan historias contra la red social y durísimos editoriales y columnas de opinión sobre los daños que le produjo a la democracia mundial. Los equipos de comunicación no logran frenar los golpes. Hasta Barack Obama dijo, en el excelente reportaje que le hizo David Letterman (en Netflix), que los algoritmos fabrican burbujas que contribuyen a polarizar a la sociedad.

Es cierto que noticias falsas, manipulaciones, operaciones y mentiras (ahora llamadas posverdad) existieron siempre pero la gran diferencia en la actualidad, con la irrupción de la información digital, se debe a dos factores claves: escala y velocidad. Big Data y Real Time. Más del 60% de los jóvenes norteamericanos dijo que se informaba solo a través de Facebook (Pew Research Center), que ostenta casi 2 mil millones de usuarios. Y un estudio de Microsoft sobre adolescentes asegura que 5 de cada 10 chicos (el 50%) creen que la información que ven en internet es verdadera. Y solo 1 de cada 10 distingue contenido de publicidad.

Y antes el control y la distribución de la información la tenía la misma fuente generadora de noticias (diarios, radios, TV). Hoy ya no. Cualquier persona puede crear cualquier noticia y, potencialmente, hacerla viral en un par de horas.

“Por la forma en que mi trabajo fue usado para dividir a la gente en vez de unirnos, pido perdón y trabajaré para hacerlo mejor”, dijo un Zuckerberg dolido y, tal vez, arrepentido de no haber actuado antes. Creó una fiera que ahora cuesta domar.

Es que convertirse en quien controla el flujo informativo mundial tiene sus consecuencias, tal vez no advertidas, asumidas ni imaginadas por Zuckerberg, quien siempre renegó cuando señalaban a Facebook como un medio de comunicación. “Somos una plataforma tecnológica que conecta personas”, repetía una y otra vez, negando lo obvio: Facebook ya era el medio de comunicación más grande, poderoso e influyente del mundo, por más que se asuma solo como un intermediario neutral entre sus millones de usuarios y el contenido generado y publicado por otros sitios. Esa diferencia sustancial no es gratuita. En tiempos de cambios disruptivos en la manera de consumir información, de fragmentaciones sociales, confusión política y posverdades, ser el mayor medio del mundo tiene responsabilidades institucionales que Zuckerberg no quiso asumir.

Y ahora está pagando las consecuencias.

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