Al infinito y más allá

(Artículo publicado en revista VIVA en agosto de 2019)

Si se junta la mejor tecnología para generar animaciones por computadora con una increíble habilidad para contar historias que atrapen, diviertan y emocionen, el resultado de la alquimia será la saga Toy Story, Buscando a Nemo, Cars, Monster Inc., Up! y Wall-E, entre otras grandes películas del cine animado. Parece simple, pero no lo es. Pixar lo hizo una y otra vez durante los últimos 25 años. Y sigue. Acaba de estrenar Toy Story 4, que rompe todos los récords y se aproxima a estar entre las más taquilleras de la historia del cine (solo en la Argentina superó los cuatro millones de espectadores en tres semanas). ¿Cómo lo hace? ¿Cuál es su fórmula secreta? La magia parece estar en la mezcla exacta entre tecnología y arte.

No hay dudas que las columnas vertebrales que sostienen las películas son dos: grandes historias y personajes. Para contar una buena historia, Pixar tiene 22 reglas de oro que van desde la estructura del guión hasta la psicología de los protagonistas, la esencia de la historia y consejos para sortear el bloqueo mental, generar el conflicto y elegir el mejor final, entre otros.

Que las historias que cuentan las películas no sean sólo para el público infantil es otra de las claves de Pixar. La empresa logró que los adultos vayan al cine con ganas y no solo para cuidar a sus hijos.

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Y los grandes personajes, claro. “Lo que define a una excelente animación es que cada personaje de la pantalla te haga creer que es un ser racional” explica el co-fundador y actual presidente de Pixar Ed Catmull, en su libro “Creatividad, S. A, Cómo llevar la inspiración hasta el infinito y más allá” (Random House, 2014). Allí Catmull detalla cómo construyeron la cultura interna del error, fomentando que todos los empleados se equivoquen. “Los errores son la consecuencia de algo bueno. Es la mejor manera de aprender”, cuenta. También detalla en qué consiste el “Braintrust”, una metodología muy singular de reuniones internas donde un director de un proyecto recibe las opiniones, críticas e ideas de varios de los directivos más importantes y creativos de la empresa. Esas reuniones tienen solo una condición: decir la verdad. 

Otro elemento fundamental es la calidad de animación de las películas y el diseño de los personajes. La calidad se supera todo el tiempo gracias a la inversión y al trabajo constante de los ingenieros en el software de animación.

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No es posible entender el éxito actual de Pixar sin reparar en la firmeza de sus valores y decisiones a lo largo de su extraordinaria historia. La empresa nace en 1979, cuando el director de cine George Lucas contrata a Catmull para liderar el departamento de animación por computadora que debía producir los efectos especiales de sus películas, como las espadas láser de Star Wars. Pero en 1986 Lucas vendió el área, que casi no había generado dinero. ¿A quién? A Steve Jobs, que se acababa de ir en malos términos de Apple, la empresa que había fundado. Jobs pagó 10 millones de dólares por el 70% de Pixar.

Uno de los negocios era fabricar computadoras potentes, pero la Pixar Image Computer era muy cara y no se vendió. La otra unidad de negocios era el desarrollo de contenidos animados, que eran usados para demostrar los beneficios de la computadora y el software propio. Pero tampoco generaba dinero. Sin embargo, Jobs tenía fe y puso varios millones de dólares de su bolsillo para sostener la empresa. Sabía que en pocos años las computadoras serían mucho más potentes que las de aquel momento. Pero había que esperar.

El tercer protagonista fundamental de la historia de Pixar es John Lasseter, un fanático de los dibujos animados que, tras un breve paso por Disney, se sumó a dirigir el departamento de animación. Cuando conoció a Jobs, ambos conectaron de inmediato. Lasseter estaba trabajando en un corto de dos minutos sobre dos lámparas flexo y una pelota amarilla. Lo llamó Luxo Jr. Fue elegido el mejor corto en un congreso de animación y el público aplaudió de pie. La pieza llegó a los premios Oscar de 1987. No ganó, pero se dieron cuenta de que podían hacer cosas importantes. Hoy la lámpara flexo es el logo de la empresa.

Pixar no generaba dinero y Jobs seguía inyectando plata para evitar la quiebra. Ya llevaba invertidos casi 50 millones de dólares y aceptó poner otros 300 mil para producir el corto “Tin Toy” de Lasseter. ¿De qué se trataba? De juguetes que cobran vida cuando están fuera de la vista de las personas. En 1988 el corto ganó el primer Oscar de Pixar. Fue el principio.

Disney paró las antenas y, tras un intento fallido de contratar a Lasseter, ambas empresas firmaron un contrato de coproducción para hacer un largometraje sobre juguetes. Disney invertiría 17 millones de dólares para financiar la película, se quedaba con los derechos y los de sus personajes. Mantenía el control creativo de la película y el derecho a cancelar la producción en cualquier momento. Además podía crear secuelas de la misma película y sus personajes por su cuenta. Solo le pagaría a Pixar el 12,5% de la venta de entradas. Como Jobs no estaba en condiciones de negociar nada mejor, firmó el contrato en mayo de 1991. Así nació Toy Story, la primera película de la historia del cine creada íntegramente con computadoras. 

Se estrenó a fines de 1995. Como si se tratara de un producto de Apple, Jobs salió al escenario y cautivó a los invitados con su típico magnetismo. De inmediato fue un éxito rotundo. En apenas un fin de semana Disney recuperó la inversión de toda la película y fue la más taquillera del año. Recaudó 192 millones de dólares solo en los Estados Unidos y 362 millones en el resto del mundo. La crítica especializada elogió la película de todas las maneras posibles. Toy Story transformó para siempre la industria del cine. 

Como nadie conocía a Pixar, el público en general la película era de Disney. Jobs usó su poder en los medios para presentar Pixar y aclarar que Disney solo había sido el distribuidor. Su objetivo era renegociar aquel contrato y ser socios de Disney en las futuras películas. Para eso necesitaba dinero y salió a buscarlo a la Bolsa. En apenas un día las acciones de Pixar llegaron casi a 50 dólares. Jobs era el dueño del 80% de la empresa, ahora valorada en más de 1200 millones de dólares. La había comprado por apenas diez millones.

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A fines de 1999 se estrenó Toy Story II, con una recaudación impresionante: casi 500 millones de dólares en el resto del mundo. Después, en la década que va del 2001 al 2010, Pixar estrenó una sucesión increíble de éxitos: Monsters, Inc., Buscando a Nemo, Los Increíbles, Cars, Ratatouille, Wall-E, UP y Toy Story III.

Buscando a Nemo fue considerada la película animada más exitosa de la historia, desbancando a El Rey León. Más de mil millones de dólares de recaudación, 40 millones de copias en DVD y un Oscar a la mejor película animada. 

Pero la relación entre Pixar y Disney era cada vez más tirante. Jobs y el entonces presidente de Disney Michael Eisner chocaban constantemente. Egos. Jobs ya era una estrella mundial por haber salvado a Apple (con la iMac, el iPod, etc) y creado Pixar. En 2004 la sociedad se interrumpe y dos años después, Disney expulsa a Eisner —que no había logrado ninguna película importante durante esa década— y pega el batacazo: compra el 100% de Pixar Animation Studios por 7.400 millones de dólares. Una jugada extraordinaria en el mundo de los negocios que posicionó a Jobs en el podio de los mejores empresarios de la industria del entretenimiento. De inmediato, Pixar tomó el control del departamento de animación de Disney, Lasseter se convirtió en el director y Ed Catmull en el presidente. Ambos ya no están en la empresa. Y Jobs se convirtió en la persona física con más acciones en Disney, con el 7% aproximadamente. Después del acuerdo con Disney llegarían más películas. Pero esa es historia conocida. Y todavía no tiene final. 

Lalo Zanoni

Recuadro Flexo

En homenaje a la lámpara Flexo del primer corto de Pixar, hay una versión gigante en la entrada del espectacular edificio de Pixar ubicado en California, bautizado Steve Jobs Building. Luca Martin, que habla de cine en la radio Metro y es fanático de las películas de Pixar, recuerda: “Estuve ahí en 2016 y fue inolvidable. Me pareció increíble ver en persona a los animadores, escritores y a los directores de las películas con las que crecí. Cada uno personaliza su isla de trabajo. Es gente que te genera una pasión y emoción enorme porque te das cuenta que trabajan haciendo lo que les gusta. Entre las películas que más me gustaron está Ratatouille. El último diálogo donde Anton Ego habla de los críticos es sensacional. Es un punto de vista tan romántico hacia la crítica de películas que me asombró porque por lo general el mundo del cine detesta las críticas”.

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