De la televisión al meme

“Quédeseeneltreceparaver”. El locutor pronunciaba esa palabra y después el programa que venía a continuación. ¿Cuándo dejamos de ver la tele? Me refiero a sentarnos en el sillón con el control remoto en la mano y elegir uno de los doscientos canales que nos ofrecía el cable.  Dos o tres programadores regulaban la perilla del humor social porque decidían qué, cómo y cuándo podíamos ver un programa. El control remoto lo tenían ellos. ¿En qué momento abandonamos el zapping hipnótico, descontrolado y sin rumbo? Ahora los programas son “contenidos”, el televidente es un “usuario” y los canales son “apps”. La tele es una “pantalla”. Ver varios capítulos seguidos de una serie es una “maratón”. ¿Qué pasó?

Bueno, la respuesta aparece fácil: internet. Primero se expandió la banda ancha hogareña, después llegaron los televisores inteligentes y después las aplicaciones para tv, celulares y tablets desde donde se transmite el contenido. Pero todo pasó más o menos en simultáneo, por eso es que casi no nos dimos cuenta del cambio abrupto. Un día la gente corría a sus casas porque empezaba la novela y al otro día te preguntan por dónde vas cuando decís que estás viendo Succession. Siempre lo repito: mi madre nació sin tele en su casa y ahora usa Netflix. 

La tele ya fue. 

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Técnicamente se llama streaming a la transmisión de contenido audiovisual o musical a través de internet, sin necesidad de bajar o instalar ese material. Como el contenido que ofrecen YouTube o Netflix. Entre estas dos plataformas se reparten la enorme mayoría de los contenidos que los argentinos consumimos en streaming. A diferencia de YouTube, (que es de Google) Netflix cobra una tarifa fija de entre 7 y 10 dólares a cambio de acceder a todo su material. Es el líder absoluto de la categoría que la misma empresa inventó: ya tiene 158 millones de usuarios en todo el mundo. Pero su éxito atrajo a los demás y ahora varios pesos pesados de las industrias de medios, tecnología y contenidos quieren competirle. 

Esos pesos pesados se dividen en empresas de contenidos como Universal, Time Warner, Paramount, NBC, Viacom y Disney, tecnológicas como Apple, Amazon, Google (YouTube), Hulu y Netflix y por último, distribuidoras de contenidos como Movistar (Telefónica), Flow (Cablevisión), Verizon, etc. 

La tele ya no es más tele ni siquiera en su formato original: en nuestro país, el 80% de los usuarios ingresan a las plataformas tipo Flow desde sus celulares. ¿Y qué usamos para ver todos los contenidos? Aquí entran a escena los dispositivos electrónicos, es decir, el hardware. Esta es una batalla aparte porque cada fabricante quiere que vendernos sus aparatos. Samsung, Philips, Sony y LG, por nombrar solo a algunas marcas de televisores inteligentes, compiten contra Chromecast (de Google), Apple TV y Roku. Por el momento, a diferencia de lo que se creía hace unos años, las consolas de juegos como la XBox y la Playstation, no lograron convertirse en el centro del entretenimiento en el hogar.

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Pero el 2019 fue de Disney y por eso en la ya clásica tapa de la “Persona del año” de la revista Time eligió a la activista Greta Thunberg pero también sumó algunas más. Una fue para Bob Iger, el CEO de Disney que a los 68 años, ya lleva 15 en su puesto y publicó un libro de su trabajo “The ride of a lifetime”. Explica Time los motivos para elegirlo el empresario de 2019: “En un año en el que el sentimiento del público se volvió en contra de los titanes de los negocios, los medios de comunicación y la tecnología, el director ejecutivo de Disney, Bob Iger, empujó más allá a su compañía en las tres áreas, al mismo tiempo que siguió produciendo éxitos de taquilla”.

Hace un mes la empresa estrenó en los EEUU su propio servicio de streaming, Disney+, que en 2020 llegará a nuestro país. En su primer día acumuló 10 millones de usuarios que pagarán u$ 7 mensuales. A Netflix se le hará difícil porque la estrategia de Disney es muy clara: ganar. Para eso compró Fox (pagó u$ 71.000 millones!) y tiene un catálogo envidiable: todo su archivo con clásicos históricos como Blancanieves, Mickey y El Rey León, todo Marvel, todo Pixar y también LucasFilm (la franquicia de Star Wars) pero además, Los Simpsons y otras franquicias y señales como ESPN.

Los otros jugadores de peso son Amazon Prime Video (Prime tiene más de 100 millones de usuarios), CBS, Apple TV+ (que también acaba de lanzar su servicio a u$ 5 por mes) y Hulu (28 millones de suscriptores, también controlado por Disney), entre otros. Pero el año clave parece ser 2020: se sumarán HBO Max (que ya compite con Go); Peacock, un servicio de NBCUniversal (Comcast) y Quibi, de formato corto y sólo para dispositivos móviles.

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Kim yong mira con largavistas. Ola ke ase. Grumpy Cat. Los dos Spiderman que se señalan. El comediante inglés Kayode Ewumi. El novio que se distrae con otra chica en la calle. Un chico en el colegio a punto de explotar. Frank Underwood mira de costado, perspicaz. El enano bostero que hace un asado. Francella en la película Extermineitors IV diciendo “hermosa mañana, verdad?”. Miles de Los Simpsons. Otros del Pipa Higuain. Del Diego, de Pampita, de Macri. No hay famoso que no tenga su meme. Allá afuera hay un ejército de usuarios atentos a todo lo que ocurre en la TV o en las noticias para armar un meme y lanzarlo a la hoguera de las redes. Si tiene éxito, se viraliza en minutos.

Este fue el año de los memes. Si bien ya existían, creo que en 2019 lograron su pico de masividad. Un meme es una imagen o un gif animado de pocos segundos que transmite con humor o ironía una opinión o respuesta. Se usan como respuesta pero también como ataque. Sintetizan. Es información breve, clara y en general, divertida. Se difunden en las redes sociales como Twitter y Facebook pero también en los grupos de Whatsapp y en otras comunidades. Para entenderlos hace falta cierta información previa, conocer su origen o su significado.

El significado viene de 1976 por Richard Dawkins, un zoólogo y científico que publicó el libro “El gen egoísta”, donde mucho antes que existieran las redes sociales, expuso la hipótesis memetica de la transmisión cultural. Es una unidad mínima de información, de ahí su nombre. El primer meme, según los investigadores de la web, es el bebé bailando (“Ooga-Chaka Baby”) hecho con animación computada en 1996. Ahora los memes se convirtieron, junto a los emojis, en la unidad digital de expresión de lo que va del siglo XXI. Además se potencian unos con otros y van adquiriendo nuevos significados con hechos nuevos.

Algunas -pocas- marcas aprovechan el fenómeno de los memes para conectar con sus audiencias a través de sus canales sociales y de esa manera, ampliar la experiencia de sus usuarios y construir nuevos universos. Netflix, por ejemplo, lo hace bastante bien. Interactúa con sus públicos a través de memes muy conocidos y los vincula a sus series y películas. La empresa se animó a usar un meme para pedir disculpas por la caída temporal de su servicio.

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Cierro el año como siempre, recomendando un libro. Justo que venía muy embalado en los últimos tiempos escuchando sin parar los cinco discos de Serú Girán (tal vez la mejor banda de rock nacional de la historia), llegó a mis manos el atrapante libro “Entre lujurias y represión”, del periodista Mariano del Mazo, que la editorial Random House publicó entre sus libros de diciembre. Cuenta la historia del grupo. Ahí están ellos, Charly García, David Lebón, Oscar Moro y Pedro Aznar, sonando juntos y eternos, para siempre en nuestros corazones. 

¡Feliz 2020!

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