En casa de Herrera

No son tantos los venezolanos famosos. El podio lo ocupa, cómodo, el ex presidente Hugo Chávez, pero después lo siguen la bella Catherine Fulop, el prócer Simón Bolivar y el escritor Boris Izaguirre, radicado en España. Pero hay una persona que, de no ser por Chávez, sería la persona más famosa de Venezuela en el mundo. Se llama María Carolina Josefina Pacanins y Niño, pero se la conoce más por su nombre de casada: Carolina Herrera.

Icono de la moda, Herrera construyó en pocos años un emporio con 150 locales en todo el mundo, valuado en 1000 millones de dólares y es considerada una de las mujeres mejor vestidas del mundo. Nació en Caracas en 1939 en el seno de unas de las familias más poderosas y tradicionales de Venezuela. Es la segunda hija de Guillermo Pacanins Acevedo y María Cristina Niño Passios. El señor Pacanins fue Comandante, el fundador de la aviación en Venezuela, gobernador de Caracas durante ocho años y canciller durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, derrocado en 1958. El matrimonio con Niño Passios formaba parte de las llamadas “200 familias”, ubicadas en la cúspide social del país en las décadas del ´60 y ´70. En aquel entonces Venezuela estaba ubicado entre los cinco países con mayor crecimiento económico en el mundo y se vivían años de fantasía: moda, lujos, glamour y opulencia, alimentada por los cientos de millones de dólares que dejaba el petróleo y un exquisito buen gusto que atraía como la miel a las moscas a los mejores diseñadores de la tierra. De hecho, la primera boutique que Christian Dior abrió fuera de su Francia natal fue en Caracas.
El pantagruélico hotel Humboldt es, tal vez, el símbolo más emblemático de aquellos tiempos. Bajo una modernísima arquitectura ideada por Tomás José Sanabria, fue construido a principios de los ´50 durante la dictadura de Pérez Jiménez y está ubicado en la cima del cerro El Avila, a 2100 metros de altura. Tiene 14 pisos y una forma circular que permite una vista 360 desde cualquiera de sus 60 habitaciones. Solo se llega hasta el hotel con un teleférico. Desde hace años que está cerrado, pero en sus épocas de esplendor, era uno de los lugares elegidos por la alta sociedad venezolana para hacer sus lujosas fiestas. Ahora, en septiembre de 2008, estoy afuera del hotel, me acerco al vidrio para ver el lobby vacío del hotel a través de sus enormes ventanales de vidrio. Todavía hay algunos muebles. Mientras abajo Caracas se hace de noche y se ven las primeras ventanas con luces, se me cruza una escena de El Padrino II, cuando Michael (Al Pacino) regresa a esa casona que supo ser el lugar de las fiestas familiares que organizaba Vitto. Michael ve allí el silencio y el eco de los sonidos del pasado, el abandono; una síntesis perfecta del irremediable paso de los años. La decoración del Humbolt, esos sillones, los pisos de piedra y techos con enormes vigas de madera oscura y lustrada. Imagino esas fiestas de la socialité caribeña en smoking negros y blancos y vestidos de satén, ese jazz, esa boquilla, esa mirada. James Bond podía haber nacido tranquilamente en aquella Venezuela que supo ser un buen amague.

En esa burbuja creció Carolina, quien trabajó por primera vez a los 42 años cuando se fue a Nueva York a instalar su marca de ropa junto a su segundo marido, el venezolano Reinaldo Herrera Guevara. Dueño de una fortuna incalculable y amigo de Jackie Kennedy, Dalí, el príncipe Carlos y Aristóteles Onasis, entre otros personajes de la alta sociedad mundial, el señor Herrera era un verdadero dandy venezolano. Ex editor de la revista Vanity Fair, él fue quien ayudó a la diseñadora a crecer en el mundo de las relaciones y le aportó los contactos necesarios. Su inigualable estilo y buen gusto hicieron el resto. “Tenía ojo e instinto. Y en este negocio eso es más importante que saber cortar o pegar un botón”, dijo ella.

junto a su segundo marido, Reinaldo Herrera.
Todas las famosas vistieron un Carolina Herrera. La venezolana tiene el récord de haber vestido a las primeras damas de la Casa Blanca desde su aparición: Nancy Reagan, Hillary Clinton, Laura Bush y Michelle Obama, que no dudó en despedirse de la presidencia de su marido luciendo un modelo CH en la tapa de Vogue. También vistió a Melania Trump.

La empresa CH le debe gran parte del éxito comercial a sus perfumes. El primero, llamado como su nombre, salió a la venta a fines de los ´80 pero después lanzó otras fragancias exitosas como Aqua, la línea 212, Chic y CH.

Es muy probable que Carolina, una de sus cuatro hijas, sea la heredera de su imperio, ahora que la emperatriz de Manhattan, a punto de cumplir 80 años, anunció su retiro. “La moda es un sueño que se tiene que convertir en realidad. En la vida hay que dejar espacio a la fantasía”.

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