Rocky para siempre

Necesitaba que la suerte le tire un centro. Sylvester Stallone quería ser actor pero no se le daba. Con una parálisis facial de nacimiento, había sido rechazado como extra en El Padrino y tuvo una pequeña escena en Bananas, de Woody Allen. También hizo un papel modesto en una película porno para ganar algo de dinero. Hasta que en 1975 vio una pelea de box -su deporte favorito- de Chuck Wepner contra el ya mítico Muhammad Ali. El retador casi desconocido logró hacer besar la lona al gran Alí. “¿Y si el chico le gana al gran campeón?”, pensó Stallone. Se puso a escribir y en tres días tenía el guión de Rocky Balboa, un boxeador italoamericano de los suburbios de Filadelfia que desafía al campeón del mundo. Él era el actor principal. Tenía tan poco presupuesto para filmarla que todas las tomas en exterior las hicieron con luz natural, no había baños para los actores ni los asistentes y usó de extras a integrantes de su familia. La película se estrenó en diciembre de 1976 y fue un éxito rotundo. En 1977 ganó 3 premios Oscar (Mejor Película, director y montaje), un globo de Oro y recaudó 170 millones de dólares solo en Estados Unidos. De esa manera, Rocky se convirtió en la piedra angular no solo para la construcción de un ícono de la historia popular del siglo XX sino también para una de las sagas más exitosas del cine (junto a Harry Potter, 007 James Bond y Star Wars) que en 40 años ya produjo seis películas y un spin-off (Creed). Y parece que para Rocky la campana nunca suena porque en enero se estrenará la séptima entrega (Creed II), lo que marca la potencia de una marca que es un fenómeno que noquea a grandes y chicos de todas las nacionalidades. Stallone, ya con 72 años, dijo que ahora sí, esta es la última película donde aparecerá porque “hay que darle paso a las nuevas generaciones”.

Amanece en Filadelfia. Rocky Balboa entrena corriendo por los suburbios de la ciudad. Pasa por el mercado italiano, los vecinos lo saludan. Hace frío, lleva un gorro de lana y un viejo jogging gris con botitas Converse negras. Termina su recorrido con un furioso pique para subir las escaleras del Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad. Cuando llega a la cima pega varios saltos de alegría y levanta los brazos. Abajo la ciudad amanece rendida a sus pies. Suena la inconfundible melodía Gonna Fly Now. La motivante escena de Rocky (1976) ya forma parte de la historia del cine y de la cultura popular. Cada día, cientos de turistas corren a repetir la escena: trepan por esos mismos 72 escalones y festejan con los brazos en alto cuando llegan al Museo.  El “Rocky steps” (así se llama el ritual) cosecha miles de videos caseros en YouTube y el alcalde de la ciudad dijo que era uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

Para festejar las cuatro décadas de la exitosa saga, la editorial Taschen acaba de editar “Rocky. The Complete films” un libro de 380 páginas con excelentes imágenes inéditas de los archivos de Metro Goldwyn Mayer y de la biblioteca de la Academia del Cine de Hollywood.

La edición de lujo de tapa dura cuesta mil dólares, solo hay 50 ejemplares numerados y firmados por Stallone y trae una reproducción de una lámina pintada por el actor. Además, trae una copia del cuaderno escolar original de 36 páginas que el actor usó para escribir el guión de la primer película.

El libro, además, está plagado de datos curiosos, reportajes, fotos de backstage y de las locaciones, los pósters originales de cada película, las escenas que quedaron afuera, etc. Hay una gran cantidad de perlas que cobran mayor brillo a medida que pasan los años. Como cuando durante la filmación de la pelea en Rocky IV entre el ruso Drago y Apollo Creed, los actores se pelearon en serio por una trompada fuera de lugar y Carl Weathers (Apollo) se bajó del ring y quiso renunciar a la película. Stallone tuvo que mediar entre ambos y la filmación continuó cuatro días después. Otra: la canción Gonna Fly Now de Bill Conti fue elegida después de que Stallone no pudo juntar la plata para comprar los derechos de la famosa One Bites the Dust, de Queen. Otra: el boxeador panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán aparece en Rocky II (filmada en 1979). Fue para grabar una escena de entrenamiento en el gimnasio donde Durán hace de sparring de Rocky mientras el viejo Mickey Goldmill le pide que se mueva más rápido.

Rocky cosecha miles de fans en todo el mundo. Como el director Juan José Campanella, casi un enfermo de la saga. También el periodista de cine, guionista y productor Axel Kuschevatzky, quien explica: “La mejor película de la saga de Rocky es la I, por su origen naturalista con grandes personajes y con toques de neo realismo de los mediados de los ´70 como “Contacto en Francia” o “Fiebre de Sábado por la noche”. No es muy heróica, porque es un boxeador algo mediocre, de clase baja y que elige pelear con el gran campeón. Que Rocky haya perdido la primera pelea lo hace empatizar aún más con la gente. Esa y la II respetan la mirada de sus directores. Pero en la tercer película, Rocky ya es casi un rockstar, me resulta menos interesante. Se vuelve una película industrial, más predecible. La IV es casi una caricatura. Pero en las siguientes, Rocky trata de recuperar ese naturalismo y elementos de los orígenes que para mí vuelven definitivamente con Creed (2015). Una brillante película dirigida por Ryan Coogler donde Rocky vuelve a las fuentes”.

La saga también estuvo marcada por una tragedia. Sage Stallone, uno de los cinco hijos de Sylvester, interpretó a Robert, el hijo de Rocky en la quinta entrega (1990). Pero en julio de 2012 falleció por una insuficiencia cardíaca. Tenía 36 años.

Michael Sylvester Gardenzio Stallone es su nombre completo. Pero para millones siempre será simplemente Rocky, un personaje de cine que ya es un héroe con guantes de box y corazón de acero. Porque pasan los personajes, como el querido y carismático Apollo, el violento Mr T., el duro Ivan Drago, incluso su amada mujer Adrianna y el entrañable cuñado Paulie Pennino. Pero Rocky sigue de pie en el ring. Porque como dijo el mismo Stallone cuando terminó la filmación de Creed II: “Rocky Balboa nunca morirá. Vive adentro de cada uno de nosotros”.

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